Reacciones frecuentes

Los hermanos de un niño con una enfermedad neurológica son, frecuentemente, una parte olvidada del núcleo familiar.

Los hermanos de un niño con una enfermedad neurológica son, frecuentemente, una parte olvidada del núcleo familiar. Sin embargo, estos se enfrentan a sus propias dificultades, miedos, sentimientos y dudas, las cuales también necesitan ser atendidas. De no ser así, pueden aparecer en el hermano sano sentimientos como:  

  • Culpa: los hermanos sanos suelen experimentar sentimientos de culpa al observar que puede realizar actividades (recreativas, lúdicas o acciones del día a día como andar, comer, correr, etc.), que su hermano enfermo no puede hacer. Esto ocasiona, en algunos casos, que el niño sano se implique en exceso con el problema familiar e intente compensar con una ayuda desmedida (no acorde a su edad o responsabilidad), luchando en contra de la enfermedad no solo por su hermano sino por todo aquel que la padezca.
  • Soledad: cuando en la familia se diagnostica a un hijo con una enfermedad, el hecho de que los padres dediquen la mayor parte del tiempo a las complicaciones médicas, que acudan frecuentemente al hospital, a los tratamientos de rehabilitación y a otras ocupaciones propias de la enfermedad, hace que el niño sano pueda vivir todo esto como un abandono apareciendo el sentimiento de soledad el cual pueden afectarle a nivel psicosocial, es decir, su interacción con los otros, bien sea por aislamiento o por búsqueda de excesiva aceptación en los grupos.  También puede verse afectada la autoestima al no sentirse merecedor del tiempo y el cuidado de los demás.
  • Celos: el cuidado especial que necesita el hijo enfermo puede ser interpretado por el hijo sano como un privilegio con el que cuenta su hermano. El hijo enfermo pasa a ser el centro de atención de la familia e, incluso, puede parecer el preferido de sus padres provocando en el niño sano sentimientos de celos y reacciones de rebeldía. Algunas frases que suelen encubrir estos sentimientos son expresiones como: – “quisiera ser como mi hermano, a él lo queréis más porque está malito, – ¿por qué a él sí y a mí no, mamá?”, – ¿papá, podemos estar solos sin mi hermanito?, – ¿me puedes acariciar como a mi hermano?, – ¿me das la comida como a mi hermano?”. Es importante escuchar al niño sano ya que suelen expresar sus necesidades entre líneas, por lo tanto, es fundamental cubrir estas necesidades en la medida de lo posible. 
  • Ansiedad: cuando hay una afinidad muy grande entre los hermanos, existe un estado de ansiedad permanente en el hermano sano debido a la incertidumbre que genera el no saber la evolución y pronóstico de la enfermedad. Este estado de ansiedad, si no es atendido a tiempo, puede acompañar al hermano sano durante toda su vida ocasionando episodios de ansiedad ante situaciones de duda e inseguridad.
  • Trastornos psicosomáticos: los hermanos de los niños enfermos, en ocasiones, presentan trastornos conversivos que no son más que la manifestación (de forma inconsciente) de síntomas de una enfermedad orgánica que en realidad no existe. En ocasiones estos síntomas orgánicos simulan los del hermano enfermo, por ejemplo, si el hermano presenta trastornos de la marcha algunos hermanos sanos tienden a imitar dicha conducta, ya que se trata de un mecanismo inconsciente de la mente que busca una mayor atención por parte de la familia.
  • Sentimiento de independencia/maduración precoz: cuando los padres brindan mayor atención al niño enfermo, algunos hermanos sanos reaccionan tomando decisiones adultas desde que son pequeños.  En cierto modo, tienden a maduran antes ya que buscan esa necesidad de cuidado “cuidándose por sí solos”.
  • Rabietas o conductas disruptivas: el hermano sano puede reclamar la atención de los padres mediante rabietas, contestaciones fuera de tono, descenso en el rendimiento escolar, etc. Lo que el niño sano pretende con estos comportamientos es hacerse presente para sus padres, expresar que sigue necesitando de sus cuidados. Si alguien de la familia, bien sean padres, abuelos, tíos, etc., refuerzan negativamente esos comportamientos dándole su cupo de atención, aunque sea riñéndole o castigándole, el niño tenderá a mantenerlos para alimentar su necesidad emocional.
  • Niño modelo: se pueden encontrar reacciones opuestas y que el niño intente hacerse cargo de más responsabilidades de las que le corresponden por edad y rol familiar para intentar aliviar la carga parental (de repente se afana por recoger su habitación, ayuda a poner la mesa, baja la basura, etc.). Todo ello cargado, de manera inconsciente, de una fuerte agresividad hacia el hermano que es quien ha provocado el sufrimiento de sus padres. La enfermedad se convierte en la pieza angular de la familia y añadir un mal comportamiento por parte del niño sano es considerado, por él mismo, como imposible de manifestar. Por lo tanto, ser el hijo bueno y modelo como conducta va a ser su actitud frente a la vida. Manifiestan una excesiva comprensión, sumisión ante lo vivido y dificultad para expresar sus sentimientos, emociones, anhelos o deseos.
  • Niño enfermero: en ocasiones, el hermano sano asume el rol de cuidador más de lo que sería conveniente. Puede convertirse así en una extensión del médico o de los padres soportando una carga para la que no está preparado. A veces los padres u otros familiares, sin ser conscientes de ello, fomentan ese rol sugiriéndole, por ejemplo, que vigile que su hermano enfermo se coma todo el almuerzo en el recreo, que le dé un recado al tutor de su hermano, etc. Hay que evitar ese tipo de situaciones de tal manera que el niño no se sienta responsable ni de la enfermedad ni de la evolución de su hermano.

Estas reacciones comportamentales pueden compaginarse entre sí. Es decir, un hermano sano puede presentar rasgos de varios perfiles.  

 

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