5 cosas para empezar a cuidarte

Es muy habitual que, ante la noticia de que tu hijo sufre una enfermedad, tú pases a un segundo o tercer plano y te vuelques en hacer que todos estén bien. Que esto sea lo habitual no significa que sea lo mejor.

Estas son algunas cosas que hacemos con frecuencia que NO te ayudaran a sobrellevar una situación tan dura como la que vives:

  1. Creer que estas solo o sola

Es probable que no conozcas a nadie que esté pasando por lo mismo que tú y que esto te haga sentirte solo y asilado.  Ciertamente, cada situación es distinta y cada proceso emocional también, pero eso no quiere decir que los demás no puedan ponerse en tu lugar y puedan apoyarte, aunque no estén viviendo lo mismo.

Aunque tu situación sea única, siempre hay alguien a tu alrededor dispuesto a escucharte, a tomarse un café contigo o acompañarte a dar un paseo. A veces no hace falta hablar, simplemente estar ahí, en silencio.

No tengas miedo de llamar a esa amiga o amigo que hace tiempo que no ves y quedar. En muchas ocasiones, la gente no sabe cómo actuar porque no quiere molestar o incomodar, pero piensan en ti y quieren ayudarte, aunque no sepan de qué manera pueden hacerlo. ¡Pide!

  1. Pensar que no te hace falta prestar atención a tus necesidades básicas

¿Hace cuánto tiempo que no duermes más de 5 horas seguidas? ¿Has comido algo más que un bocadillo en los últimos días? Cuando descuidas aspectos básicos como el descanso, la alimentación o el ejercicio estás poniendo aún más trabas a tu cuerpo y el desequilibrio emocional y físico aumenta. Recuerda que si te cuidas cuidaras aún más de los que amas. 

  1. No darte un momento para ti

Cuando te enfrentas a situaciones límite de alto desgaste físico y emocional, tener un momento único para ti te permitirá desconectar por unos minutos de todo lo demás y recargar las pilas para afrontar mejor la situación. Por tanto, es de gran importancia que busques tu válvula de escape y te des un respiro, un momento para ti, no es egoísta sino necesario para mantener el equilibrio tuyo y el de tu familia.

  1. Dejarte llevar por la tristeza, la ira o la culpa

Sabemos que tienes todo el derecho del mundo a estar enfadado/a, a querer gritar y llorar sin parar, pero, aunque en múltiples ocasiones te animemos a expresar tus emociones, esto no quiere decir que sea bueno para ti quedarte en esa etapa eternamente. Que puedas identificar las emociones que te invaden, ponerles nombre y aprender a gestionarlas es fundamental para poder avanzar.

No sabemos cuánto tiempo va a durar tu situación actual ni cómo va a evolucionar la enfermedad, por lo tanto, es primordial que aprendas a lidiar con la incertidumbre.

Recuerda que es normal tener momentos de profunda tristeza, pero mantenerte en ese estado no es bueno para tu salud ni para el equilibrio emocional de tu familia.

  1. Evitar pedir ayuda

Es posible que a menudo te cueste aceptar que no puedes con todo e intentes dar todo y un poquito más de ti para cubrir las necesidades de tu familia (cuidar de tu hijo enfermo, llevar a sus hermanos al cole, cuidar de la casa, de tu pareja, de tus padres, etc.). Sin embargo, aunque parezca un acto digno de un súper héroe o heroína, te estás haciendo un gran daño a ti mismo/a. Por ello, decir en voz alta “necesito ayuda”, es el primer paso para empezar a afrontar tu día a día de una manera distinta y cuidar de ti y los tuyos de una forma saludable.

Eres parte importante de este proceso familiar, no te olvides nunca de cuidar de ti. Tu hijo y tu familia te necesitan sano/a, fuerte y descansado/a. Tu salud repercutirá en el bienestar de tu familia, no lo olvides.

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